Ni el sexo ni la muerte. Tres ensayos sobre el amor y la sexualidad (André Comte-Spontville, 2013)
El hombre es un animal erótico tal vez el único que hace el amor, en la medida en que este no se reduce al coito ni al orgasmo; el único al que la sexualidad plantea problemas, y el único que sitúa el deseo por encima del placer, el único que lo cultiva, en todos los sentidos del término, en vez de conformarse con satisfacerlo con la primera bestia que aparece. Y es así porque es un animal moral, y una cosa (el erotismo) no va sin la otra (la moralidad) (...) La transgresión implica la ley y, a su manera, la confirma; ¿Cómo podría derogarla? Tendríamos que volver al estado de naturaleza (¿quién es capaz de ello?), y la transgresión no sobreviviría a ello, ni el erotismo (...) No se hace el amor como se toma un vaso de agua, ni siquiera un vaso de vino.
Una fábula sobre la fuerza de la imaginación, del amor y de la determinación en la dura realidad de la Europa nazi y fascista de la Segunda Guerra Mundial. Guido, un joven judío, es detenido e internado con su mujer y su hijo en un campo de concentración. Allí hará todo lo posible para salvar sus vidas: hará lo imposible para hacer creer a su hijo que todo lo que están pasando tan sólo es un juego.
Curso urgente de política para gente decente (Juan Carlos Monedero, 2013)
Y un día de estos vamos a sumar los asesinatos de la gente que muere 15 años antes de lo que les tocaba porque durante su vida no tuvo trabajo fijo ni seguridad social mi vivienda digna y fue dejando para más tarde ir al médico porque ahora le venía mal; y vamos a sumar los asesinatos de la gente que se quita de en medio por su propia mano porque los bancos les dicen que son económicamente inviables y los servicios sociales se han desmantelado para poder seguir enriqueciendo a los banqueros insaciables; y vamos a sumar las muertes en vida de las personas a las que les han quitado las esperanzas porque no les han dejado estudiar ni hacer planes para su futuro; y vamos a sumar los asesinatos de los niños que no han podido desarrollarse porque no había en casa suficiente comida como para cuidar su sueño y alimentar sus juegos;
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber alimentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño.
Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, de carga, en el que habita la veneración: su fortaleza demanda cosas pesadas, e incluso las más pesadas de todas.
¿Qué es pesado?, así pregunta el espíritu de carga, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que lo carguen bien.
Ambientada en una sociedad futura, en la que la mayor parte de los niños son concebido con técnicas de selección genética. Vincent (Ethan Hawke), nace con una deficiencia cardíaca y no le auguran más de treinta años de vida. Desde niño, sueña con viajar al espacio, pero sabe muy bien que nunca será seleccionado por haber sido concebido de manera natural. La vida le ofrecerá una oportunidad: suplantar a Jerome (Jude Law), un deportista tratado genéticamente que se quedó paralítico por culpa de un accidente. De este modo, se convertirá en Jerome para ingresar en la Corporación Gattaca, y conseguir que lo selecciona para cumplir su sueño
Para reflexionar sobre la película
1. ¿ Qué es el genoma humano?
2. ¿ Qué es la ingeniería genética?
3. ¿ En qué aspectos es justificable la manipulación genética?
4.¿Qué aspectos genéticos no deberían en ningún caso dejarse a elección de los padres?
5. En septiembre el "New York Times" mostraba a toda página un anuncio sorprendente: en la composición se veía la foto de un bebé junto con un menú para el "mejoramiento genético" proporcionado por GATTACA, una empresa de ingeniería genética. El anuncio ofrecía diferentes posibilidades según lo que los potenciales clientes estuviesen dispuestos a pagar: se podía elegir desde un coeficiente intelectual superior a la media hasta determinadas
cualidades atléticas para los futuros bebés. Miles de personas, muchas de ellas futuros padres, entraron en la dirección de Internet que figuraba en el anuncio pero descubrieron que se trataba solamente del anuncio de una película.
¿ Por qué se interesó tanta gente por el falso anuncio de GATTACA?
6. ¿Qué significa la frase "No existe gen para el espíritu humano" ? ¿Qué personaje
la simboliza?
7. Vincent y Jerome son como dos caras opuestas de una sociedad ¿ En que se
oponen? (compáralos en el terreno físico e intelectual pero también desde el punto
de vista emocional)
8. ¿Conduce forzosamente la búsqueda de la perfección a la anulación de la
personalidad y de las emociones? ¿ Por qué?
9. ¿Hay aspectos de la trama que te recuerden aspectos ya en vigor en la sociedad
actual? (Piensa en aspectos como la identificación de las personas, el culto al cuerpo,...)
10. ¿A qué precedentes históricos remite esta búsqueda de sociedades "perfectas"?
11. ¿En qué se basan actualmente las diferencias sociales?
En apariencia, la gente se atrae, se repele o se ignora por razones que no siempre se acierta a definir. Pero "el deseo tiene un fuerte componente mental", asegura la psicóloga clínica Mila Cahue, asesora del portal Meetic-Match. "No existen reglas fijas que indiquen por qué deseamos a alguien. Entran en juego desde el factor genético hasta el aprendizaje sentimental", coinciden psicólogos y sexólogos.
Descrita
por primera vez en 1966 por William H. Masters y Virginia E. Johnson en el
libro Respuesta Sexual Humana. Su
propósito principal fue describir de forma objetiva los cambios biológicos que
hombres y mujeres tienen durante la actividad sexual ya sea en forma
individualizada o en pareja. Con fines didácticos representaron sus hallazgos
por medio de una curva y la dividieron en cinco etapas. Convendría advertir que
estas etapas no siempre quedan claramente delimitadas y pueden ser distintas en
cada persona, incluso tratándose del mismo sujeto pueden variar según las
circunstancias o los compañeros de juegos.
Fernando Savater ¿Vida buena o vida eterna? (La vida eterna, Ariel 2007)
Los dioses mitológicos no conocian deberes éticos, puesto que su inmortalidad les resguardaba de toda fragilidad y daño. En cambio los humanos, por ser mortales, necesitamos pautas morales que proscriban causar daño intencionado al prójimo y recomienden apoyo, incluso complicidad, en la necesidad o la desventura. La reflexión sobre nuestra condición perecedera y la comprensión solidaria de quienes la comparten con nosotros basta para justificar el más elemental de los códigos morales, aquél que recomienda no hacer a los demás lo que no desees que te hagan a ti mismo y ayudar a los otros como tú quisieras que te ayudasen cuando fuera menester. Sin embargo, las directrices morales tropiezan con nuestro desaforado terror a la muerte, que nos tienta a suponer que es preciso ignorar o pisotear a los otros para retrasar la inevitable llegada de nuestro fin. La presencia de la muerte nos aisla, nos hace sentir la tentación de vivir solitarios, pensando en nosotros mismos, en nuestra inmediata supervivencia...(ante la inminencia de la muerte) se nos hace evidente que las restricciones morales están pensadas para que perdure la sociedad, que en cualquier caso durará mucho más que nosotros: ¿no es acaso, entonces, nuestro verdadero interés ocuparnos de lo que nos beneficia privadamente, aquí y ahora, en lugar de sacrificarnos para la armonía de una colectividad menos vulnerable que cualquier individuo mortal? Y así todo nos parece poco para defendernos de la muerte que nos ronda: posesiones, honores, vasallaje... desechamos las restricciones y miramientos morales para entregarnos empavorecidos al sálvese quien pueda.
Lo cierto es que va siendo más fácil encontrar hombres dispuestos a
morir dignamente que a vivir dignamente. Al leer las noticias de los
heroísmos -tan forzados, ay, por circunstancias odiosas- de los campos
de batalla de cualquier rincón del mundo, sentimos quizá una morbosa
exaltación y un cierto alivio: a fin de cuentas aún queda gente
dispuesta a morir por sus ideas, sean éstas cuales fueren, la patria, la
liberación nacional o la revolución. Y lo cierto es que nunca hubo
idea, por estúpida o cruel que fuese, que no haya encontrado a alguien
decidido a morir y a matar por ella. En modo alguno quisiera yo vivir en
un mundo en que nadie fuese capaz de dar su vida por una idea; pero
sigue siendo infinitamente más deseable dar vida con la idea y en la
idea en lugar de resolverlo todo muriendo o matando por ella. A veces la
lucha a muerte es inevitable, nos dicen los realistas que
defienden la paz armada o la revolución sangrienta, y añaden con cierto
regodeo: pues este mundo no es un lecho de rosas. La mayoría de los que
empiezan su discurso político asegurando que el mundo es plena miseria,
violencia y engaño suele buscar así coartada para proponer luego nuevas
formas de engaño, violencia y miseria como corolario y contrapartida de
las existencias. Ciertamente, el mundo no es, ni nunca ha sido, ni quizá
jamás tenga por qué ser un lecho de rosas, pero el entusiasmo realista
con que se acepta la lección de muerte que quiere deducirse de tal
constatación ha formado parte en todas las épocas de la legitirnación
del honor y la inhumanidad.
El exeso de positividad (propio de las sociedades posmodernas) se manifiesta, asimismo, como un exceso de estímulos, informaciones e impulsos. Modifica radicalmente la estructura y economía de la atención. Debido a esto, la percepción queda fragmentada y dispersa. Además, el aumento de carga de trabajo requiere una particular técnica de administración del tiempo y la atención, que a su vez repercute en la estructura de esta última. La técnica de administración del tiempo y la atención multitasking no significa un progreso para la civilización. Se trata más bien de una regresión. En efecto, el multitasking está ampliamente extendido entre los animales salvajes. Es una técnica de atención imprescindible para la supervivencia en la selva.
Recuerdo muy bien la primera vez que comprendí de veras que antes o después tenía que morirme. Debía andar por los diez años, nueve quizá, eran casi las once de una noche cualquiera y estaba ya acostado. Mis dos hermanos, que dormían conmigo en el mismo cuarto, roncaban apaciblemente. En la habitación contigua mis padres charlaban sin estridencias mientras se desvestían y mi madre había puesto la radio que dejaría sonar hasta tarde, para prevenir mis espantos nocturnos. De pronto me senté a oscuras en la cama: ¡yo también iba a morirme!, ¡era lo que me tocaba, lo que irremediablemente me correspondía!, ¡no había escapatoria! No sólo tendría que soportar la muerte de mis dos abuelas y de mi querido abuelo, así como la de mis padres, sino que yo, yo mismo, no iba a tener más remedio que morirme. ¡Qué cosa tan rara y terrible, tan peligrosa, tan incomprensible, pero sobre todo qué cosa tan irremediablemente personal!
Muchas personas poco ortodoxas hablan como si fuera tarea de los escépticos refutar los dogmas recibidos, en lugar de que sean los dogmáticos quienes los prueben. Por supuesto, eso es un error.
Si dijera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana china que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podía refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña para ser descubierta ni siquiera por los telescopios más potentes.
Pero si yo dijera que, dado que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella sería de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, entonces sería del todo correcto pensar que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si en ciertos libros antiguos se afirmara la existencia de tal tetera; si se enseñará cada domingo como verdad sagrada y se les inculcar a los niños en la escuela, vacilar a la hora de creer en su existencia sería un signo de excentricidad y aquellos que dudaran en tiempos ilustrados merecerían las atenciones de los psiquiatras o, en tiempos anteriores, los del inquisidor.
La noción del saber es más estricta y estrecha que la del mero pensar u opinar. La palabra ‘ciencia’ es un calco del latín scientia, derivado del verbo scire, saber. Casi todos (excepto algunos primitivos y postmodernos) preferimos el saber. Tan grande es su prestigio que los que predican algo suelen disfrazarlo de ciencia. Los predicadores por antonomasia, es decir, los dominicos, expresan sus ideas teológicas en una revista titulada La ciencia tomista. En las facultades de Filosofía de la Unión Soviética había siempre un departamento de Comunismo Científico. Incluso los charlatanes y nigromantes pretenden practicar las ciencias ocultas: ocultas, sí, pero ciencias.
La filosofía surgió en Grecia con el intento de separar el grano de la paja en el orden cognitivo, es decir, con la distinción entre conocimiento sólido (episteme) y opinión infundada (doxa). Esta preocupación atraviesa la historia de la filosofía y en cierto modo culmina con las discusiones de los años 30 del siglo XX en torno al llamado problema de la demarcación. Demarcar un terreno es señalar sus lindes o confines, trazar la frontera que lo separa de otros. Cuando los filósofos de la ciencia hablan de ello, se refieren a la búsqueda de un criterio que sirva para separar la ciencia fiable de la mera especulación. Los positivistas lógicos del Círculo de Viena enfatizaron el contraste entre la ciencia rigurosa, fiable y empíricamente contrastada y los mitos, especulaciones metafísicas, ideologías y meras opiniones arbitrarias. Como moraleja, trataban de acercar la filosofía a la ciencia sólida y alejarla de la especulación quimérica.